CÓDICES DE LA CATEDRAL DE TORTOSA

LOS CÓDICES DE LA CATEDRAL DE TORTOSA, 
POR EL
Dr. D. RAMON O'CALLAGHAN,
Canónigo Doctoral de dicha Santa Iglesia,
Archivero del Excmo. Cabildo, y por el Excmo. Ayuntamiento Cronista de Tortosa.
TORTOSA.
Imp. católica de José L. Foguet y Sales, Moncada,49.
1897.

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Editado por Ramón Guimerá Lorente.

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Sume tibi librum grandem, et scribe in eo. Isaiae 8, 1.

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En el Apéndice a los ANALES DE TORTOSA que publicamos hace poco, dedicamos un capítulo al archivo de esta catedral, reseñando brevemente sus riquezas históricas. Entre estas figuran de un modo muy distinguido los preciosos Códices que posee, muchos de ellos admirables no sólo por su valor histórico, sino también como objetos de arte, pues revelan la altura que este alcanzó en los tiempos pasados. También son dichos Códices un grande honor para la iglesia de Tortosa, porque manifiestan la importancia y el poder que tuvo en aquella época, en que invirtió cuantiosas sumas para adquirir estos libros; y el noble anhelo que la distinguió por conservar y difundir el sagrado depósito de la ciencia, que recibió con una mano de las generaciones antiguas, y trasmitió con la otra a las que habían de venir, las cuales agradecidas, no pueden menos de admirar este legado que por todos conceptos es de un gran mérito. Para darlo a conocer, supuesto que forma una de las mayores glorias de esta iglesia, ofrecemos a nuestros amigos en este libro un catálogo o reseña de sus preciosos Códices, tanto más interesantes en cuanto se han conservado prodigiosamente al través de los siglos, y entre las muchas vicisitudes que ha pasado esta ciudad, en las guerras, sitios y trastornos de todas clases.

Tortosa enero de 1897.

I.

Introducción.- Inventario de los Sres. Denifle y Chatelain.

La afición de cada día mayor que se observa respecto a las investigaciones históricas, y el estudio a que se prestan los datos ú objetos que con frecuencia se descubren, han creado un sinnúmero de asociaciones, destinadas exclusivamente a fomentar dichos descubrimientos y a conservarlos.
Ciertamente que a estos trabajos de investigación se puede aplicar con toda propiedad aquella máxima de los sagrados libros: Colligite quae superaverunt fragmenta ne pereant. Recojed los fragmentos que han quedado, para que no se pierdan.

La facilidad y economía en los medios de comunicación de la época actual, también ha sido un poderoso auxilio sobre este punto. Calcúlense las molestias y dispendios que se debieron ofrecer al P. Florez, cuando a mediados del siglo XVIII hubo de recorrer toda nuestra nación para escribir su «España Sagrada». Lo mismo puede decirse de la obra que con igual título escribió el P. Risco a principios de este siglo, y del «Viaje literario a las iglesias de España» del P. Villanueva.

Dada la actual facilidad de las comunicaciones, se comprende que por todas partes se multipliquen los viajes literarios. Concretándonos a esta catedral, han sido varias las comisiones y personas particulares que con motivos científicos la han visitado de algunos años a esta parte. Recordaremos el sabio P. Fanla, Religioso italiano de la Órden de San Francisco, que vino el año 1876 con objeto de recojer datos para la colección de sermones de San Buenaventura que publicaba dicha Orden religiosa. Posteriormente, el año 1878 estuvo aquí el muy ilustrado Dominico P. Rivas, autor de la Historia eclesiástica que sirve de texto en muchos Seminarios de España, quien junto con otro
Dominico español examinó los Códices de este archivo, tomando notas de grande interés sobre las obras de Santo Tomás de Aquino.

Dos años después vino por primera vez a esta ciudad, con igual motivo de inspeccionar las obras de Santo Tomás, el distinguido P. Enrique Denifle, también Dominico, austríaco de nación, sub-Archivista del Vaticano, acompañado de otro Religioso francés de la misma Orden. Ambos hicieron grandes elogios de los Códices que posee esta iglesia. El año 1880 volvió otra vez el P. Denifle, tomando interesantes apuntes, y fijándose de un modo especial en un Códice del siglo XIII, que contiene la exposición del Credo o Símbolo de los Apóstoles, obra del Dominico P. Raimundo Martín, el cual Códice además de su gran mérito, tiene la particularidad, según dijo el P. Denifle, de ser el único ejemplar que ha visto en las muchas bibliotecas que ha tenido ocasión de examinar.

En 1892 visitó este archivo y examinó los Códices, el sabio Jesuíta alemán P. Guido Dreves, escritor de gran nota y censor de libros en el colegio de Exacten, quien recorrió los archivos y bibliotecas de España y de otras naciones, buscando datos para una obra de Liturgia antigua que escribía, y según manifestó los halló de mucho interés en los Códices de esta catedral. Al poco tiempo vino el notable escritor, también Jesuita y alemán, P. Francisco Ehrle, individuo del Consejo Directorio de la Biblioteca del Vaticano, quien visitó esta iglesia y examinó el archivo, al efecto de completar algunas noticias relativas al cisma de Occidente y al llamado Papa Luna, sobre todo lo cual tenía muy adelantada una obra histórica.

En 1894 visitó asímismo este archivo un joven seglar inglés, llamado Arturo S. Hunt, a quien recomendaba para los fines de su viaje literario la Universidad de Oxford, en Inglaterra, según un documento que presentó librado por dicha Universidad. El objeto de este viajero era tomar notas y hacer un índice de los Códices para una obra que sobre esto debía publicarse. Al efecto formó un catálogo numerado, expresando el título del libro o Códice, siglo en que fue escrito según su opinión, y alguna otra particularidad digna de notarse.

Pero el trabajo de más importancia y de mayor mérito respecto a clasificar los Códices, débese a los muy ilustrados Archivistas, el citado P. Enrique Denifle, y D. Emilio Chatelain, francés de nación y Bibliotecario de la Universidad de París. Estos dos notables escritores visitaron el archivo y examinaron los Códices de esta catedral a primeros de septiembre del año 1895. El P. Denifle los conocía perfectamente pues esta era la tercera vez que venía a Tortosa con este objeto. Así se explica el que a pesar de los pocos días que emplearon en su cometido, el trabajo practicado por dichos señores es muy perfecto según veremos.

Se edita en París una publicación titulada «Revista de Bibliotecas, la cual como su nombre indica, tiene por objeto dar a conocer todo lo más notable que contienen las bibliotecas y archivos de Europa. Tal fue el aprecio que aquellos distinguidos escritores hicieron de los Códices de esta catedral, que formaron un Inventario muy completo de todos ellos, clasificándolos por el siglo en que cada uno fue escrito, haciendo sobre muchos Códices observaciones que aunque breves son de grande interés y revelan un criterio superior.

El número de dicha Revista correspondiente a los meses de enero y febrero de 1896, se destinó exclusivamente a dar cuenta de los mismos. Forma un cuaderno que se titula Inventarium Codicum manuscriptorum Capituli Dertusensis.

Le precede, escrito en elegante latín, un prólogo que firman los dos ilustres archivistas. Dicen en él, que era muy grande su deseo de examinar los Códices de esta catedral; y que después de haber inspeccionado el archivo de la de Barcelona, vinieron a Tortosa a primeros de septiembre de dicho año 1895, los días en que esta ciudad estaba engalanada, reinando en ella la mayor animación con motivo de celebrarse las anuales fiestas de la Virgen de la Cinta. Ello no obstante, pudieron satisfacer cumplidamente sus deseos, examinando como querían todos los Còdices de esta catedral.

Después de expresar esto dan una idea general de los Códices y del sitio donde están colocados, pareciéndoles bien los trabajos y dispendios que se han hecho de pocos años a esta parte, a fin de asegurar por largo tiempo la conservación de tan preciosos libros.

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JORNADA QUINTA. NOVELA CUARTA.

JORNADA QUINTA. NOVELA CUARTA.

Ricciardo Manardi es enchampat per micer Lizio de Valbona en la seua filla, en la que se case, y aixina quede en pas en son pare.

Al callá Elisa, les seues compañes van fé moltes alabanses de la seua história. Va maná la reina a Filostrato que parlare ell, que va escomensá dién:
hay sigut emprés tantes vegades per tantes de vatres perque tos vach imposá un assunto de narrassións cruels y que féen plorá, que me pareix que estic obligat a contá alguna cosa per a que ton pugáu enriure una mica; y per naixó, de un amor que no va tindre mes pena que algúns suspiros y una miqueta de temó mesclada en vergoña, y va arribá a bon port, tos contaré una historieta mol curta.
No ha passat mol tems desde que va ñabé a la Romania un caballé mol bo y cortés que se díe micer Lizio de Valbona, a qui, casi agüelo ya, li va naixe una filla de la seua dona que se díe doña Giacomina. Esta filla, mes que les demés de la comarca, al creixe se va fé mol guapa; y com ere la radera que los quedabe al pare y a la mare la volíen mol y la vigilaben en mol cuidado, esperán consertáli un gran matrimoni. Frecuentabe mol la casa de micer Lizio y mol se entreteníe en ell un jove pincho y guapo, que ere de los Manardi de Brettinoro, de nom Ricciardo, del que confiaben micer Lizio y la seua dona tan com si haguere sigut fill seu. Este, una vegada y un atra, habén vist a la jove majíssima y pita y de bones maneres y costums, y ya en edat de péndre home, de ella en ardó se va enamorá, y en gran cuidado teníe ben amagat lo seu amor. La jove sen va acatá, y tamé va escomensá a vóldrel an ell, de lo que Ricciardo estáe mol contén.
Y habén moltes vegades tingut dessichos de díli algunes paraules, y habén callat per temó, sin embargo una vegada, buscán la ocasió y valentía, li va di:
- Caterina, te rogo que no me faigues morí de amor.
La jove va contestá enseguida:
- ¡Vullguere Deu que me faigueres tú morí a mí!
Esta resposta mol plaé y valor li va doná a Ricciardo, y li va di:
- Per mí no quedará res per fé que te agrado, pero a tú te correspón trobá la manera de salvá la teua vida y la meua.
La jove entonses va di:
- Ricciardo, veus lo vigilada que estic, y per naixó no sé cóm podríes víndre a mí; pero si tú veus algo que puga fé sense que me deshonra, dísmu, y yo u faré. Ricciardo, habén pensat moltes coses, de repén va di:
- Dolsa Caterina meua, no vech datre camí per a arribá a tú mes que este: Has de aná a la galería que está a la vora del jardí de ton pare. Si yo sé que tú hi estarás, per la nit me les arreglaré per a arribáy, per mol alta que estigue.
Y Caterina li va contestá:
- Si te demane lo cor víndre allí crec que podré arreglámeles per a dormí allí. Y dit aixó, una sola vegada se van besá amagatóns, y se van separá.
En son demá, están ya prop lo final de mach, la jove va escomensá dabán de la mare a queixás de que la nit passada, per massa caló, no habíe pogut dormí be.
- Va di la mare:
- Filla, pero ¿quina calorina dius? Anit no va fé gens de caló.
Y Caterina li va di:
- Mare, hauríe de di «a mí me va pareixe» y potsé diríeu be, pero hau de pensá que les dones joves són mes fogoses que les dones mes grans.
La Siñora va di entonses:
- Filla, es verdat, pero yo no puc fé la caló o lo fret al meu gust, com tú pareix que voldríes; lo tems ña que patíl com lo donen les estassións; potsé esta nit faigue mes fresqueta y dórmigues milló.
- Vullgue Deu - va di Caterina- , pero no sol passá, que anán cap al estiu, les nits vaiguen refrescánse.
- Pos - va di la Siñora- , ¿qué li farem?
Va contestá Caterina:
JORNADA QUINTA. NOVELA CUARTA. Decamerón, chapurriau, jilguero, cardelina, cagarnera, carduelis
- Si lo pare y vosté volen, yo manaría fé un llitet per a la galería que está a la vora de la seua alcoba, damún del chardí, y dormiría allí sentín cantá les cagarneres; y tenín un puesto mes fresquet, descansaría mol milló que a la alcoba.
La mare entonses va di:
- Filla, cálmat, lay diré a ton pare, y si ell vol aixina u farem.
Sentín micer Lizio a la seua dona, com ya ere agüelo y algo malhumorat, va di:
- ¿Quína cagarnera es eixa en la que vol adormís? La hauré de fé dormí en lo refregá de les chicharres.
Sabén aixó Caterina, mes per enfurruñada que per caló, no va dormí, y tampoc va dixá dormí a sa mare, queixánse seguit de la calorina, aixina que la mare va aná pel matí a parlá en micer Lizio y li va di:
- Micer, vos que voléu mol an esta jove; ¿quín mal tos pot fé que dórmigue an eixa galería? En tota la nit no ha pegat l´ull per la calina, y ademés, ¿tos assombréu de que li agrado lo can de la cagarnera sén com es una criatura? A los joves los agraden les coses que se assemellen an ells.
Micer Lizio, al sentí aixó, va di:
- Vale, ¡que li faiguen un llitet per a que cápigue allí, y que dórmigue allí, y que séntigue cantá a les cardelines hasta que sen farto!
La jove, enterada de aixó, va fé prepará allí un llit; y com habíe de dormí allí la nit siguién, va esperá hasta que va vore a Ricciardo y li va fé una siñal convinguda entre ells, per la que va entendre lo que teníe que fé.
Micer Lizio, sentín que la jove se gitáe, va tancá una porta que donáe de la alcoba a la galería, y sen va aná a dormí. Ricciardo, cuan per tot arreu va sentí les coses tranquiles, ajudánse de una escala va pujá al muro, y después se va agarrá als eixidós de un atre muro. En molta faena (y perill si haguere caigut), va arribá a la galería, aon en silénsio y gran goch va sé ressibit per la jove; y después de mol besás se van gitá juns y durán tota la nit van chalá, fen cantá moltes vegades a la cagarnera. Y sén les nits curtes y lo plaé gran, y ya arribán lo día (en lo que no pensaben), calentats tan per lo bon tems com per lo jugá, sense res damún se van quedá adormits com a socs. Caterina teníe abrassat a Ricciardo, en lo bras dret daball del seu coll y agarránlo en la ma esquerra de eixa cosa que vatres mol tos avergoñiu de nombrá cuan estéu entre hómens. Y dormín de esta manera, sense despertás, va arribá lo día y se va eixecá micer Lizio; y enrecordánse de que la seua filla dormíe a la galería, va obrí la porteta sense fé soroll y se va di an ell mateix:
- Vach a vore cóm ha fet dormí la cagarnera esta nit a Caterina. Y eixín de la alcoba a poquetet, va eixecá la borrassa en la que se cubríe lo llit, y se va trobá a Ricciardo y an ella despullats y destapats dormín de la manera a dal dita. Va coneixe be a Ricciardo, en silénsio sen va aná de allí cap a la alcoba de la seua dona y la va despertá dién:
- Va, dona, rápit, eixécat y vine a vore com la teua filla estabe tan dessichosa de la cagarnera que tan la ha encorregut que la ha pessigat y la té a la ma.
Va di la Siñora:
- ¿Cóm pot sé aixó?
Va di micer Lizio:
- U vorás si vens a escape.
La Siñora, donánse pressa a vestís, en silénsio va seguí a micer Lizio, y arribán los dos juns al llit y eixecada la borrassa claramen va pugué vore doña Giacomina cóm la seua filla habíe agarrat y apretabe la cardelina que tan dessichabe sentí cantá. Per lo que la Siñora, sentínse mol engañada per Ricciardo, va voldre cridáli y díli grans insults, pero micer Francisco li va di:
- Dona, aguántat, no li digues res, perque en verdat, ya que lo ha agarrat, seu sirá. Ricciardo es un jove noble y ric; no pot donámos mes que un bon linache; si vol separás de mí en bons modos tindrá que casás primé en ella, aixina se trobará que ha embutit la carderola a la gábia.
Per lo que la Siñora, consolada, veén que lo seu home no estabe enfadat per neste assunto, y considerán que la seua filla habíe passat una bona nit y habíe descansat be y habíe agarrat la cagarnera, va callá. Y poques paraules se van di después de éstes, hasta que Ricciardo se va despertá; y veén que ya ere de día cla se va tindre per mort, y va despertá a Caterina dién:
- ¡Ay de mí, alma meua! ¿Qué farem ara que ha vingut lo día y me ha pessigat aquí?
An estes paraules, micer Lizio, eixín de la alcoba y alsán la borrassa va contestá:
- Farem lo que pugam.
Cuan Ricciardo lo va vore, li va pareixe que li arrencáen lo cor del pit; y alsánse al llit va di:
- Siñó meu, tos demano mersé per Deu, sé que com home desleal y roín mereixco la mort, y per naixó féu de mí lo que vullgáu, pero tos rogo, si pot sé, que tingáu piedat de la meua vida y no me matéu.
Micer Lizio li va di:
- Ricciardo, aixó no su mereixíe l´amor que te tenía y la confiansa que ficaba en tú; pero ya que ha passat aixina, y que a tan gran falta te ha portat la juventut, per a salvát de la mort y a mí de la deshonra, antes de móuret pren a Caterina per la teua legítima dona, per a que, aixina com esta nit ha sigut teua, u sigue mentres vixque; y de esta guisa podrás conseguí lo meu perdó y la seua salvasió. Si no vols fé aixó, encomana a Deu la teua ánima.
Mentres estes paraules se díen, Caterina va soltá la cagarnera, y despertánse, va escomensá a plorá mol y a demanáli a son pare que perdonare a Ricciardo; y li rogabe a Ricciardo que faiguere lo que micer Lizio volíe, per a que en tranquilidat y mol tems pugueren passá juns nits com aquella. Pero no van fé falta mols rogs, perque, per una part, la vergoña de la falta cometuda y lo dessich de arreglála y, per atra, la temó a morí y lo dessich de salvás, y ademés de aixó l´amor y les ganes de tindre a la dona volguda, de bona gana y sense tardá li van fé di que estabe disposat a fé lo que li habíe dit micer Lizio; per lo que demanánli micer Lizio a la Siñora Giacomina un dels seus anells, allí mateix, sense móures, dabán dels pares de ella, Ricciardo va péndre per dona a Caterina.
Fet aixó, micer Lizio y la seua dona sen van aná, dién:
- Ara descanséu, que potsé u nessessitéu mes que eixecátos. Y una vegada sen habíen anat, los joves se van abrassá la un al atre, y no habén caminat mes que sis milles per la nit, ne van caminá unes atres dos antes de eixecás, y van acabá la seua primera jornada. Después Ricciardo va tindre una ordenada conversa en micer Lizio, y pocs díes después, com conveníe, en presénsia dels seus amics y de los paréns, va torná a desposá a la jove y en gran festa se la va emportá a casa seua, y se van selebrá unes honrades y hermoses bodes, y aixina en ell durán mol tems en pas y tranquilidat, tan cuan va volé va cassá la cardina, tan de día com de nit.

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/ Nota: a la traducsió ix lo Ruiseñor , rossinyol a Catalunya, la cardelina, cagarnera, etc es lo jilguero en castellá. rusignuolo en italiá de Bocaccio. /

Che rusignuolo è questo a che ella vuol dormire? Io la farò ancora addormentare al canto delle cicale.


Che rusignuolo è questo a che ella vuol dormire? Io la farò ancora addormentare al canto delle cicale.